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El hormigón como barrera al gas radón

Desmontando el mito físico y normativo

Dentro de la industria de la construcción, existe un mito muy arraigado: la creencia de que una solera de hormigón armado convencional, gracias a su gran masa y densidad, actúa como una barrera estanca infalible capaz de frenar el paso del gas radón.

Este falso paradigma se ha sustentado en una confusión conceptual. Es cierto que el hormigón es un excelente blindaje contra la radiación ionizante externa (como los rayos gamma o X) debido a su alta densidad. Sin embargo, el radón (Rn-222) no es un haz de radiación directa, sino un gas noble radiactivo. Su penetración en los edificios no es un problema de apantallamiento radiológico, sino un complejo desafío de dinámica de fluidos y transporte de gases a través de medios porosos.

Para comprender científicamente por qué el hormigón convencional fracasa como barrera absoluta frente al radón con el paso del tiempo, resulta imperativo analizar los mecanismos físicos de entrada y las estrictas exigencias normativas que lo regulan.

1. La física del problema: ¿Por qué el hormigón falla como barrera única?

El gas radón penetra en las estructuras aprovechando la naturaleza del hormigón mediante dos mecanismos físicos fundamentales:

  • Difusión a través de la porosidad molecular: El hormigón estándar, por su propia naturaleza, posee una red de poros microscópicos y capilares. El radón se desplaza de forma lenta y constante a través de estos poros impulsado por un gradiente de concentración (moviéndose desde el terreno, donde está más concentrado, hacia el interior del edificio).

  • Advección a través de fisuras y juntas: Este es el factor más crítico. Con el tiempo, el hormigón se asienta, sufre retracciones térmicas y se agrieta. Las juntas de hormigonado, las microfisuras y los pasos de instalaciones se convierten en vías de entrada masiva para el radón.

El gran amplificador: El efecto chimenea (tiro térmico)

El fenómeno de advección no ocurre de manera pasiva. Se ve agravado y potenciado sistemáticamente por la termodinámica del propio edificio, a través del conocido "efecto chimenea" o tiro térmico. El interior de una vivienda suele tener una presión ligeramente inferior a la del subsuelo. Esta depresión actúa literalmente como una aspiradora, succionando el radón del terreno hacia el habitáculo a través de cualquier discontinuidad del hormigón.

A esto debemos sumar el riesgo de emanación propia: dado que el hormigón está formulado con componentes terrestres (rocas, arenas, cemento), algunos de estos áridos pueden contener trazas de uranio o radio. Paradójicamente, esto puede convertir al propio hormigón de la solera en una fuente emisora de radón en el interior del edificio.

2. La inviabilidad económica y la trampa normativa (CTE DB-HS6)

Muchos promotores y constructoras intentan evitar la compra e instalación de láminas anti-radón justificando que la solera es suficiente. Sin embargo, la validación del hormigón como barrera única exige procesos que bloquean el cronograma y disparan los costes.

La normativa española (CTE DB-HS6) no prohíbe explícitamente el uso de hormigones con coeficientes de difusión superiores a 10-11 m²/s. Sin embargo, impone una penalización de cálculo sumamente estricta en su apartado de "Dimensionado de la barrera". Exige que cualquier elemento que pretenda actuar como protección tenga un espesor y un coeficiente de difusión tales que la exhalación de radón a su través (E) sea siempre inferior a la exhalación límite (Elim) permitida para ese espacio.

Para justificar documentalmente esto y dotar de validez jurídica al cálculo, no es admisible emplear valores teóricos o de bibliografía genérica. La normativa exige caracterizar el material real que se va a poner en obra. Esto implica:

  1. Pruebas de laboratorio especializadas: Se requiere la extracción de probetas testigo de la sección del hormigón ejecutado (con la dosificación de cemento, relación agua/cemento y áridos específicos del proyecto). La simple extracción de estos testigos supone un coste notable (entre 130 € y 200 € por unidad).

  2. Ensayos bajo la norma ISO 11665-10: La evaluación empírica de la difusión de gases en materiales porosos es muy compleja. Estas probetas deben enviarse a los pocos centros en España que cuentan con acreditación ENAC (ISO/IEC 17025) y fuentes de radón calibradas (como el Laboratorio de Radón de la Universidad de Cantabria o el de Galicia). Estos test requieren periodos de curado estabilizado y sus honorarios pueden oscilar holgadamente entre los 500 € y más de 960 € por ensayo.

  3. Mediciones in situ de larga duración: Para validar definitivamente la solución, se exigen mediciones en el edificio terminado durante un mínimo de 3 meses. Si tras este tiempo los niveles superan el límite legal, las reparaciones post-construcción (inyecciones, sellados, perforaciones) tienen un coste astronómico.

Este proceso de homologación ad-hoc de una receta de hormigón destruye de facto cualquier pretendido ahorro que la constructora buscaba al rechazar la instalación de una lámina asfáltica o sintética.

3. ¿Cómo aislar el gas radón correctamente? (Sistemas Híbridos)

Para que una estructura proteja eficazmente contra el radón, el hormigón debe considerarse solo una parte del conjunto. La estanqueidad real se consigue aplicando medidas adicionales o Sistemas Híbridos:

  • Membranas anti-radón: Láminas sintéticas estancas que se colocan bajo la solera de hormigón para cortar físicamente el paso del gas. Son la barrera principal y más económica a largo plazo.

  • Sistemas de Despresurización del Terreno (SDT): Es el método de mitigación más eficiente. Consiste en extraer el aire del subsuelo para invertir la diferencia de presión, evitando que el efecto chimenea succione el radón hacia el interior de la vivienda.

  • Sellado de juntas: Uso minucioso de masillas elásticas y estancas en todas las uniones constructivas, grietas y, muy especialmente, en los pasos de tuberías e instalaciones.

  • Pinturas y selladores epoxi: Aplicación de capas impermeables sobre el hormigón visto para tapar su porosidad superficial.

  • Espacios ventilados: Diseño de cámaras de aire bajo la estructura (forjados sanitarios) con ventilación natural o forzada.

Conclusión

El Código Técnico (CTE DB-HS6) marca las pautas: no prohíbe el hormigón, pero enmarca de forma muy estricta cómo debemos demostrar cuánto radón deja pasar. Al igual que el análisis geotécnico del suelo o el cálculo estructural son obligatorios e indiscutibles, la mitigación del radón debe tratarse como un proyecto de ingeniería con entidad propia.

Cada edificio es diferente (terreno, geometría, sistemas constructivos, usos, etc). Intentar generalizar el uso del hormigón como barrera única lleva a infradimensionado las soluciones (poniendo en grave riesgo la salud de las personas) o a sobredimensionadas mediante ensayos carísimos (encareciendo la obra innecesariamente). La colocación de membranas anti-radón adecuadamente calculadas y el diseño de sistemas de ventilación o despresurización siguen siendo, con gran diferencia, la opción más inteligente, técnica y económicamente viable.

 
 
 

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