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El hormigón como barrera al gas radón

19 ago
5 min de lectura

Actualizado: 25 sept

  • Ejecución hormigón y radón
  • Gestión proyecto y radón
  • Hormigón estructural y radón

Realidades físicas y normativas del radón

En el sector de la edificación, existe la creencia de que una solera de hormigón armado convencional, gracias a su gran masa y densidad, actúa por si sola como una barrera estanca infalible capaz de frenar el paso del gas radón.

Esta percepción se ha sustentado en una confusión conceptual. Es cierto que el hormigón es un excelente blindaje contra la radiación ionizante externa (como los rayos gamma o X) debido a su alta densidad. Sin embargo, el radón (Rn-222) no es un haz de radiación directa, sino un gas noble radiactivo. Su penetración en los edificios no es un problema de apantallamiento radiológico, sino un complejo desafío de dinámica de fluidos y transporte de gases a través de medios porosos. No se trata de un haz que podamos "bloquear" por densidad, sino de un gas que busca cualquier pequeño camino para fluir. Por ello, proteger una edificación del radón es, sobre todo, un reto de diseño para asegurar la estanqueidad y la correcta gestión de los gases del suelo.

Para comprender por qué el hormigón convencional fracasa como barrera absoluta frente al radón con el paso del tiempo, resulta muy útil analizar cómo interactúa este gas con las estructuras y conocer las guías que la normativa nos ofrece para proteger la salud de los usuarios.

1. El comportamiento del gas, entendiendo la interacción con los materiales

El gas radón penetra en las estructuras aprovechando la naturaleza del hormigón mediante dos mecanismos físicos fundamentales:

  • Difusión a través de la porosidad molecular: El hormigón estándar, por su propia naturaleza, posee una red de poros microscópicos y capilares. El radón se desplaza de forma lenta y constante a través de estos poros impulsado por un gradiente de concentración (moviéndose desde el terreno, donde está más concentrado, hacia el interior del edificio).

  • Advección a través de los encuentros, las fisuras y juntas: Este es el factor más crítico. Con el tiempo, el hormigón se asienta, sufre retracciones térmicas y se agrieta. Las juntas de hormigonado, las microfisuras y los pasos de instalaciones se convierten en vías de entrada masiva para el radón.

El efecto chimenea (tiro térmico)

El fenómeno de advección no ocurre de manera pasiva. Se ve agravado y potenciado sistemáticamente por la termodinámica del propio edificio que busca el confort térmico de los usuarios, a través del conocido "efecto chimenea" o tiro térmico. El interior de una vivienda suele tener una presión ligeramente inferior a la del subsuelo. Esta depresión actúa literalmente como una aspiradora, succionando el radón del terreno hacia el habitáculo a través de cualquier discontinuidad del hormigón.

Asimismo, es valioso conocer que los materiales de construcción, al provenir de la naturaleza, tienen su propia composición. Un diseño profesional tiene en cuenta todos estos factores para garantizar un ambiente interior óptimo.

2. La seguridad jurídica y técnica del CTE DB-HS6

El cumplimiento de la normativa española es la mejor herramienta para asegurar la calidad de un proyecto. El Código Técnico de la Edificación (CTE) establece unos estándares rigurosos para que facultativos, técnicos y constructores puedan ofrecer garantías sólidas en sus proyectos.

El CTE DB-HS6 nos guía en el dimensionado de las protecciones. Para que cualquier elemento sea considerado una barrera eficaz, la normativa establece criterios de cálculo basados en la exhalación de radón permitida. Esto asegura que la solución adoptada sea siempre proporcional al riesgo y técnicamente solvente.

La normativa española (CTE DB-HS6) no prohíbe explícitamente el uso de hormigones con coeficientes de difusión superiores a 10-11 m²/s. Sin embargo, impone una penalización de cálculo sumamente estricta en su apartado de "Dimensionado de la barrera". Exige que cualquier elemento que pretenda actuar como protección tenga un espesor y un coeficiente de difusión tales que la exhalación de radón sea siempre inferior a la exhalación límite permitida para ese espacio.

Para justificar documentalmente el hormigón como barrera frente al radón, la normativa (CTE DB-HS6) es flexible y permite su cálculo, siempre que se demuestre su eficacia técnica. Sin embargo, para obtener esta validez jurídica, no es admisible emplear valores teóricos o de bibliografía genérica; la normativa exige caracterizar el material real que se va a poner en obra. Esto conllevaría a realizar un proceso complejo y costoso

  1. Extracción y pruebas de laboratorio especializados: Para conocer el coeficiente de difusión del hormigón empleado, seria necesaria una prueba de ensayo en un laboratorio para determinar ese coeficiente y poder realizar los cálculos de permeabilidad al radón. Por lo cual se requeriría la extracción de una muestra rectangular testigo de la sección del hormigón ejecutado (con el grosor, la dosificación de cemento, relación agua/cemento y áridos específicos del proyecto). La simple extracción de estos testigos supone un coste notable.

  2. Ensayos bajo la norma ISO 11665-10: La evaluación empírica de la difusión de gases en materiales porosos es muy compleja. Estas muestras deben enviarse a los pocos centros en España que cuentan con acreditación ENAC (ISO/IEC 17025) y fuentes de radón calibradas (por ejemplo el Laboratorio de Radón de la LaRUC Universidad de Cantabria o el de Galicia). Estos test requieren periodos de curado estabilizado y sus honorarios pueden oscilar holgadamente entre a mas de 800 € por ensayo realizado., por lo cual si el tipo o grosor del hormigón cambia entonces también se deberán hacer múltiples ensayos.

  3. Multiplicación de costes: Debido a la variabilidad de las ecuaciones de la normativa, si el diseño del edificio incluye cambios de sección (distintos grosores de solera) o variaciones en el tipo de hormigón, se vuelve obligatorio realizar múltiples ensayos independientes, lo que eleva exponencialmente el presupuesto necesario para la homologación.

  4. Mediciones in situ de larga duración: Para validar definitivamente la solución, se exigen mediciones en el edificio terminado durante un mínimo de 3 meses. Si tras este tiempo los niveles superan el límite legal, las reparaciones post-construcción (inyecciones, sellados, perforaciones) tienen un coste astronómico.

En la práctica, este proceso de 'homologación a medida' de una receta de hormigón suele comprometer la eficiencia del proyecto, convirtiendo el pretendido ahorro de no instalar una lámina técnica en un sobrecoste innecesario y en una gestión de riesgos mucho mayor para todos los agentes de la edificación.

3. ¿Cómo aislar el gas radón correctamente? (Sistemas Híbridos)

Para que una estructura proteja eficazmente contra el radón, el hormigón debe considerarse solo una parte del conjunto. La estanqueidad real se consigue aplicando medidas adicionales o Sistemas Híbridos:

  • Membranas anti-radón: Láminas sintéticas estancas que se colocan bajo la solera de hormigón para cortar físicamente el paso del gas. Son la barrera principal y más económica a largo plazo.

  • Sistemas de Despresurización del Terreno (SDT): Es el método de mitigación más eficiente. Consiste en extraer el aire del subsuelo para invertir la diferencia de presión, evitando que el efecto chimenea succione el radón hacia el interior de la vivienda.

  • Sellado de puntos singulares: Uso minucioso de masillas elásticas y estancas en todas las uniones constructivas, juntas, grietas y, muy especialmente, en los pasos de tuberías e instalaciones.

  • Pinturas y selladores epoxi: Aplicación de capas impermeables sobre el hormigón visto para tapar su porosidad superficial.

  • Espacios ventilados: Diseño de cámaras de aire bajo la estructura (forjados sanitarios) con ventilación natural o forzada.

Conclusión (hormigón barrera gas radón)

El Código Técnico (CTE DB-HS6) marca las pautas: no prohíbe el hormigón, pero enmarca de forma muy estricta cómo debemos demostrar cuánto radón deja pasar. Al igual que el análisis geotécnico del suelo o el cálculo estructural son obligatorios e indiscutibles, la mitigación del radón debe tratarse como un proyecto con entidad propia.

Dada la singularidad de cada proyecto en cuanto a terreno, geometría y dosificaciones, la normativa exige un rigor técnico absoluto que no admite generalizaciones. Si bien el hormigón puede actuar como barrera, su validación requiere caracterizar el material con total precisión mediante ensayos específicos de permeabilidad. Ante la complejidad logística y el coste que implica este proceso de homologación a medida para cada caso, optar por soluciones integrales, como membranas anti-radón o sistemas de ventilación y despresurización, se consolida como la opción más técnica, eficiente y económicamente viable para garantizar la seguridad y el cumplimiento normativo de la obra.


 
 
 

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